MAX MÜLLER SOBRE LORENZO HERVÁS

Hervas lived from 1735 to 1809. He was a Spaniard by birth, and a Jesuit by profession. While working as a missionary among the polyglottous tribes of America, his attention was drawn to a systematic study of languages. After his return, he lived chiefly at Rome in the midst of the numerous Jesuit missionaries who had at that time been recalled from all parts of the world, and who, by their communications on the dialects of the tribes among whom they had been labouring, assisted him greatly in his researches.

Most of his works were written in Italian, and were afterwards translated into Spanish. We cannot enter into the general scope of his literary labours, which are of the most comprehensive character. They were intended to form a kind of Kosmos, for which he chose the title of Idea del Universo. What is of interest to us is that portion which treats of man and language as part of the universe; and here, again, chiefly his Catalogue of Languages, in six volumes, published in Spanish in the year 1800.

If we compare the work of Hervas with a similar work which excited much attention towards the end of the last century, and is even now more widely known than Hervas –I mean Court de Gebelin’s Monde Primitif– we shall see at once how far superior the Spanish Jesuit is to the French philosopher. Gebelin treats Persian, Armenian, Malay, and Coptic as dialects of Hebrew; he speaks of Bask as a dialect of Celtic, and he tries to discover Hebrew, Greek, English, and French words in the idioms of America. Hervas, on the contrary, though embracing in his catalogue five times the number of languages that were known to Gebelin, is most careful not to allow himself to be carried away by theories not warranted by the evidence before him. It is easy now to point out mistakes and inaccuracies in Hervas, but I think that those who have blamed him most are those who ought most to have acknowledged their obligations to him. To have collected specimens and notices of more than three hundred languages is no small matter. But Hervas did more. He himself composed grammars of more than forty languages. He was the first to point out that the true affinity of languages must be determined chiefly by grammatical evidence, not by mere similarity of words. He proved, by a comparative list of declensions and conjugations, that Hebrew, Chaldee, Syriac, Arabic, Ethiopic and Amharic are all but dialects of one original language, and constitute one family of speech, the Semitic. He scouted the idea of deriving all the languages of mankind from Hebrew. He had perceived clear traces of affinity in Hungarian, Lapponian, and Finnish, three dialects now classed as members of the Turanian family. He had proved that Bask was not, as was commonly supposed, a Celtic dialect, but an independent language, spoken by the earliest inhabitants of Spain, as proved by the names of the Spanish mountains and rivers. Nay, one of the most brilliant discoveries in the history of the science of language, the establishment of the Malay and Polynesian family of speech, extending from the island of Madagascar east of Africa, over 208 degrees of longitude, to the Easter islands west of America, was made by Hervas long before it was announced to the world by Humboldt.

Hervas was likewise aware of the great gramatical similarity between Sanskrit and Greek, but the imperfect information which he received from his friend, the Carmelite missionary, Fra Paolino de San Bartolomeo, the autor of the first Sanskrit grammar, published at Rome in 1790, prevented him from seeing the full meaning of this grammatical similarity. How near Hervas was to the discovery of the truth may be seen from his comparing such words as Theos, God, in Greek, with Deva, God, in Sanskrit. He identified the Greek auxiliary verb eimi, eis, esti, I am, thou art, he is, with the Sanskrit asmi, asi, asti. He even pointed out that the terminations of the three genders in Greek, os, ē, on, are the same as the Sanskrit, as, â, am. But believing, as he did, that the Greeks derived their philosophy and mythology from India, he supposed that they had likewise borrowed from the Hindus some of their words, and even the art of distinguishing the gender of words.

(Max Müller, Lectures on the Science of Language, Londres, Longmans, Green and Co., 1861, vol. I, pp. 146-150)

 

ÁNGEL AMOR RUIBAL SOBRE LORENZO HERVÁS

 Por último y como digna corona de la ilustración y saber filológico-clásicos españoles, levántase entre nuestros lingüistas el insigne Hervás Panduro, de cuya significación glotológica  hablaremos en otro lugar, y cuyos trabajos comparativos abriendo el camino á la Gramática comparada, fueron sin disputa la base primera para el monumento de la Ciencia del Lenguaje, la cual viene á ser por sus precedentes de clasicismos en tiempos anteriores á su aparición, por los materiales lingüísticos estudiados gramaticalmente y aportados de todas las regiones del mundo, y por los comienzos mismos de comparación sistemática en ellos, ciencia muy genuina y propiamente española. […]

Puede decirse que con Leibnitz, como Max Müller se esfuerza en probar, comienza una nueva época de estudios filológicos. Leibnitz conoció claramente la necesidad de ordenar las clasificaciones lingüísticas, y de buscar un medio de relacionar seriamente las lenguas más lejanas ó marcar sus diferencias, haciendo notar ya la utilidad que de ello podrían reportar la etnografía y la historia. El advirtió (después de J. Lipsio y Sommaise) la analogía entre el persa y el alemán, llegó á suponer relaciones entre el vascuence y el copto, y deseaba se analizase el georgiano confrontándolo con el copto y armeno. En su opúsculo Brevis designatio meditationum de originibus Gentium ductis potissimum ex indiciis linguarum, reduce las lenguas á un tronco común, dividiéndolas luego en dos grandes ramas, jaféticas y arameas; y haciendo notar las palabras comunes á unas y otras.

El llamamiento de Leibnitz pareció desde luego hacerse oir eficazmente en Europa, bien que los primeros ensayos después de él, como los de Court de Gebelin Le monde primitif analysée dans ses elements, 1774, de Moobod, On the origin and progress of language, 1777-92, de Beatie, On the theory of language, 1783, y otros, siguen de una manera más ó menos rutinaria los antiguos derroteros, mezclando lenguas indo-europeas, semíticas y otras muchas para la derivación. El primer paso de verdadera importancia para la ciencia novísima le ha dado Hervás, seguido luego por Adelung, que en el mediodía y en el norte de Europa aparecieron casi simultáneamente proclamando los principios de la filología científica.

(Ángel Amor Ruibal, Los problemas fundamentales de la Filología Comparada, Madrid, 1904, pp. 338 y 364-367)

 

COSERIU SOBRE HERVÁS

1.1 De Hervás no se dice, en general, en la lingüística actual y en la historia de la lingüística, mucho de lo que debería decirse y se dicen, en cambio, muchas cosas –demasiadas– que no deberían decirse, pues simplemente no son ciertas. En efecto, Hervás, como lingüista –y, precisamente, por un lado, en cuanto precursor de ideas y concepciones actuales y, por otro lado, en cuanto representante típico de su época–, merecería por muchos aspectos un estudio muy amplio y pormenorizado (o varios estudios, realizados por varias personas); pero, mientras que tales aspectos prácticamente no se señalan (y nunca se examinan detenidamente), se encuentran a cada paso, es decir, casi todas las veces que se le menciona, afirmaciones falsas o discutibles y, de todos modos, carentes de fundamento, acerca de sus escritos y de su persona, así como noticias inexactas, vagas o contradictorias, de suerte que la imagen que un lector desprevenido puede hacerse de la obra del jesuita español sobre la base de la bibliografía corriente es una imagen, no sólo lagunosa, sino también, en gran parte, adulterada.

1.2 Entre los aspectos de la concepción y de la actividad lingüística de Hervás que merecerían un estudio detenido, cabe señalar en primer lugar: a) su peculiar concepción acerca del “artificio gramatical” y de la “estructura” de las lenguas; b) sus ideas acerca de los signos arbitrarios y no arbitrarios; c) su probable influencia sobre Humboldt en dos puntos, de no escasa importancia dentro de la concepción general del gran lingüista alemñan, a saber: en lo que concierne al análisis estructural mediante la traducción literal y en lo referente a la idea de la constancia y estabilidad de los sistemas lingüísticos; d) sus ideas acerca de la relación entre lengua e historia; e) su concepción acerca del substrato. También merecerían examinarse con detención sus contribuciones al establecimiento de varias familias lingüísticas (que, en realidad, si se exceptúan las concernientes a las lenguas americanas, sólo se conocen genérica y parcialmente), su contribución a la lingüística románica y, en particular, hispánica, así como sus aportaciones al conocimiento de ciertas lenguas particulares (por ej., del gitano). […]

1.3 De Hervás se dice en primer término, como es sabido, que es (o que no es) el “padre de la gramática comparada”. Sin embargo, tampoco este aspecto nos ocupará aquí: es un aspecto complejo y que debería constituir el tema de un estudio particular, pues se trata de un proble de interpretación específica, no de simple “información”.

(Eugenio Coseriu, “Lo que se dice de Hervás”, en Estudios ofrecidos a Alarcos Llorach, III, pp. Universidad de Oviedo, 1978, pp. 35-36)
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