I. El congreso internacional Juan Andrés (1740-1817), nel bicentenario dalla morte

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Fachada del Palacio de la Academia en Mantua. Fuente: http://www.accademianazionalevirgiliana.org/

El pasado 6 de diciembre de 2017 se celebró en Mantua un congreso dedicado a la figura de Juan Andrés. El simposio fue organizado por la Accademia Nazionale Virgiliana en ocasión del bicentenario de la muerte y tuvo lugar en la Sala degli Addottoramenti del Palazzo degli Studi (actual sede del Liceo Clásico Virgilio) y en la Sala Oval del Palacio de la Academia.

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El abogado Piero Gualtierotti, presidente de la Academia Virgiliana.

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Tras los saludos institucionales leídos por el director de la Academia, Abg. Piero Gualtierotti, Pedro Aullón de Haro (catedrático de la Universidad de Alicante) y Davide Mombelli (Universidad de Alicante), respectivamente director y consejero del Instituto Juan Andrés, comenzaron la sesión matutina, coordinada por Roberto Navarrini, dedicando su intervención a la trascendencia cultural de la obra comparatista de Andrés, núcleo de una Ilustración española (o más propiamente hispano-italiana), de raíz cristiana, universalista e historicista, la cual viene a ser una alternativa real a la Ilustración política y enciclopedista francesa. Según Aullón de Haro, es necesario reescribir la Historia intelectual de Europa para dar cabida a esta gran tradición científica y humanista hispánica, actualmente olvidada e intencionadamente menospreciada.

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Cristiano Casalini, profesor del Boston College, y Laura Madella, investigadora de la Universidad de Roma Tre, trataron, en su comunicación compartida Un público para Juan Andrés: disertaciones de filosofía y educación en la Academia, 1768-1774, del ambiente cultural de la Mantua de los años 60 y 70 del siglo XVIII. Esa sociedad intelectual era la que formaba el público al cual Andrés leyó sus disertaciones académicas mantuanas.

Maurizio Fabbri, de la Universidad de Bolonia y director emérito del Centro di Studi sul Settecento Spagnolo, presentó la literatura de viaje andresiana, trazando un sugestivo itinerario a partir de los lugares más significativos de las Cartas familiares, obra que ha traducido al italiano en los últimos años (Lettere familiari: corrispondenza di viaggio d’all Italia del Settecento, ed., traducción e introducción de Maurizio Fabbri, Rimini, Panozzo, 2008-2011, 5 vols.).

Por su parte, Livia Brunori (Universidad de Bolonia) ilustró las características principales del epistolario de Andrés, que editó en 2006 (Epistolario, Valencia, Biblioteca Valenciana, 3 vols.). Hizo hincapié sobre todo en la extensión de la red personal de investigadores establecida por Andrés, quien por lo demás alcanzó el gran reconocimiento internacional a partir de la publicación de los primeros volúmenes de Origen.

La sesión de la tarde, coordinada por Eugenio Camerlenghi, estuvo a cargo de los académicos virgilianos. Ledo Stefanini (Juan Andrés y la caída de los graves de Galileo) disertó acerca de la relación de Andrés con las ciencias experimentales, dejando de manifiesto sus conocimientos físicos y mecánicos y recordando algunas de sus obras científicas, entre las cuales ocupa un lugar privilegiado la serie de sus escritos sobre la filosofía de Galileo.

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Sala degli Addottoramenti, Liceo Virgilio, en Mantua, lugar en el que se celebró la sesión matutina del congreso. Fuente: https://www.facebook.com/scienzeletterearti/

También la disertación de Fulvio Baraldi (Las observaciones geológicas-naturalistas de Juan Andrés en sus viajes en Italia en los años 1785-1791) fue concerniente a la vertiente físico-naturalista del Abate. Baraldi reconoció el gran conocimiento de Andrés de la literatura científica especializada: pese a que no pueda definirse un “investigador de campo”, son de particular interés las observaciones geológicas y paisajísticas que emergen de las Cartas familiares (Vesubio, Campos Flegreos, Sulfataras, la Laguna de Venecia, etc.).

En La idea de progreso de las ciencias en Juan Andrés, Renato Marocchi expuso la teoría científica que fundamenta la epistemología andresiana. Para ello se ocupó de la idea de progreso, ejemplificándola a través de los pasajes más emblemáticos de las obras principales del autor.

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Raffaele Tamalio (Juan Andrés. Catálogo de los códices manuscritos de la familia Capilupi de Mantua) trató, en cambio, la faceta bibliográfica y bibliotecónoma de Andrés, quien compuso un relevante catálogo de los fondos de la familia mantuana de los Capilupi y fue también prefecto de la Real Biblioteca Borbónica durante su etapa napolitana.

Maurizio Bertolotti dilucidó el contexto cultural mantuano en tiempos de la estancia de Andrés en la ciudad, ocupándose concretamente del magisterio del médico y filósofo Benedetto Frizzi, uno de los exponentes más fecundos de la Ilustración judía, el cual fue alumno de Andrés y Bettinelli, gran personalidad intelectual mantuana de la época.

Marco Bolzani finalmente, en su disertación sobre Andrés y la poesía didascálica: una crestomacía muy razonada, volvió a tratar del Andrés literato y de sus juicios críticos sobre las obras de ese género didascálico.

Las diferentes disertaciones del congreso mantuano hacen patente tanto el criterio interdisciplinar del congreso como el aspecto general de la poliédrica figura intelectual de Andrés. En fin, la Academia Virgiliana, fiel a su cometido de recuperar, revalorizar y reactualizar la historia local y nacional, brindó la ocasión para un fecundo intercambio de ideas que señala un renovado interés, también en Italia, hacia el autor de la primera gran Historia Universal de las Letras y las Ciencias.

La relación que vincula Andrés a Mantua es muy significativa, puesto que residió en la ciudad más de veinte años en calidad no ya de preceptor sino más bien de invitado de la influyente familia Bianchi. Durante su estancia mantuana, Andrés compuso y publicó sus obras más importantes (Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, el Ensayo sobre Galileo, las Cartas familiares), y participó activamente en la vida cultural de la ciudad, siendo miembro de la Real Academia de Ciencias y Bellas Letras, institución que, a partir de la invasión francesa, se denominaría Academia Virgiliana.

Aquí puede descargarse el programa completo del congreso.

II. La Real Academia de Mantua a finales del siglo XVIII

Juan Andrés participó activamente en la vida académica italiana[1] y fue miembro de muchas de las más importantes instituciones de su tiempo. Pero fue en la Real Academia de Mantua donde dio a conocer sus primeros ensayos humanísticos y científicos, siendo este centro clave en el desarrollo de su obra. Además, es de recordar que Mantua, y sus dos lugares emblemáticos (el Palacio Bianchi y la Academia), constituyen el gran topos implícito de las Cartas familiares de Andrés, epístolas que, como se ha indicado anteriormente, describen el viaje andresiano por Italia realizado en los años 80 del Setecientos. En la introducción a la edición crítica moderna de las Cartas se presentan estos loci y se diseñan las coordenadas fundamentales para la interpretación de los mismos en el marco de la biografía vital e intelectual de Andrés[2]. Léase un breve perfil histórico de la Academia mantuana[3]:

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Grabado de la Academia Virgiliana en 1891.

En Mantua, durante el siglo XVI, Cesare Gonzaga (1536-1575) funda en su palacio, actual sede de la Academia Virgiliana, la Accademia degli Invaghiti. Ésta se trasladaría en 1610 al Palacio Ducal. A mediados del Seiscientos nace la Accademia degli Invitti, protegida por Giovanni Gonzaga, situada asimismo en el propio palacio, edificio gentilicio antes perteneciente al mencionado Gonzaga. Unos años después de su fundación, en 1643, los ‘Invitti’ cambiaron de nombre por el más modesto de ‘Timidi’, incorporando a su organización una otra institución académica mantuana, la de los ‘Imperfetti’[4].

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Biblioteca de la Academia Nacional Virgiliana.

Entrado el siglo XVIII, en 1747, el marqués Carlo Valenti, árcade en Roma, dio vida en Mantua a una Colonia[5] Virgiliana: unos años después, en 1752, una ordenanza de María Teresa de Austria, futura emperatriz, convocaba la Colonia en el Palacio Ducal. La emperatriz y su hijo José II, mediante un oficio de julio de 1767 enviado al gobernador de la Lombardía, Carlo Firmian, comunica a éste la necesidad de que las actividades de la Academia no se limitasen a la sola Poesía y Elocuencia, sino que se extendiesen a otros campos de la cultura y el conocimiento. En noviembre del mismo año fueron instituidas cuatro facultades: Filosofía, Matemáticas, Física experimental y Bellas Letras. Un decreto de comienzos de marzo de 1768 fijaba la denominación de Real Accademia di Scienze e Belle Lettere (en 2018 se celebrará el 250º aniversario del renacimiento de la antigua Real Academia de ciencias y Bellas Letras). Primer Prefecto de la nueva Academia fue Carlo Ottavio di Colloredo, al que le sucederá en 1786 Gherardo d’Arco. Así, “l’accademia, nata dall’incontro del patriottismo di Bettinelli, di Colloredo, di [Pellegrino] Salandri con l’alta amministrazione austriaca, era destinata ormai a trasformarsi”[6]. Gherardo d’Arco convirtiose rápidamente en la figura central de la cultura mantuana de los años 70 y 80 del Setecientos. Desde los primeros años de su dirección, se promovió la expansión de la Sociedad de Artes y Oficios (‘Società d’arti e mestieri’).

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Manuscritos de Andrés conservados en la Academia y expuestos en el salón de la Biblioteca, en ocasión del congreso andresiano.

En 1769 la Real Academia incorporó otras instituciones, así la Accademia Teresiana di Pittura, Scultura e Architettura y la Accademia Filarmonica, y hubo de transformar su denominación en Reale Accademia di Scienze Lettere ed Arti. Entre 1773 y 1775 el Palacio de la Academia fue objeto de una reforma que le conferirá el aspecto neoclásico que a día de hoy aún permanece y la caracteriza[7]. En esos años se agregaron nuevas Colonias, como la Médico-quirúrgica, la Agraria, muy importante para el reformismo ilustrado imperial, y la Colonia de Artes y Oficios. En 1777 se inaugura una Escuela de música vocal e instrumental. La Academia, hacia finales del siglo XVIII, se parecía más a una escuela universitaria que a una academia en su sentido arcádico: se había convertido, pues, en el corazón de las actividades culturales y académicas de la ciudad. Son muchas las personalidades de extraordinario relieve intelectual que pertenecieron a la Academia mantuana, entre otras Saverio Bettinelli, Alessandro Volta, Giuseppe Parini, Ippolito Pindemonte, Lazzaro Spallanzani, Melchiorre Cesarotti o Girolamo Tiraboschi.

A fines del siglo XVIII las disertaciones leídas versaban sobre todos los ámbitos del conocimiento[8]. Juan Andrés propuso al juicio de los censores académicos varias disertaciones sobre muy diferente temática, como es el caso de la mecánica hidráulica o la erudición paleográfica. En 1775 se le otorga el segundo premio en un concurso sobre un problema de Física, trabajo que será sucesivamente publicado: Dissertatio de problemate hydraulico. Problema ab Academia Mantuana propositum ad annum MDCCLXXIV (Mantua, Typis Haer. A. Pazzoni, 1775)[9]. Tres años más tarde, en 1778, Andrés entra en la Academia; en ese mismo año publica en Mantua Lettera dell’Abate D. Giovanni Andres al signor conte Alessandro Murari Bra’ sopra il rovescio d’un medaglione del Museo Bianchini, non inteso dal marchese Maffei (Mantua, Erede di Alberto Pazzoni). Andrés continuará participando en las diversas actividades académicas[10] hasta 1796, cuando, tras la invasión francesa de la Lombardía, la familia del Marqués Bianchi abandona Mantua para refugiarse inicialmente en Verona y luego en Venecia, donde permanecerá más de un año.

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Vista del Palacio de la Academia con la Iglesia de S Maria del Popolo, derribada en 1891, por Montini Filippo Luigi, 1829.

En los fondos de la Academia Nacional Virgiliana se conservan tres disertaciones manuscritas de Andrés: “Perché si facciano presentemente sì pochi progressi nelle scienze” (3 de marzo de 1774), publicada luego en los Opuscoli scientifici de Ferrara (G. Rinaldi, 1779); “Dissertazione riguardante l’iscrizione romana di proprietà del marc. Antonio Luzara V.F.VIRO.FURIA.SEX…”, publicada en su versión original y traducción española en Furia. Disertación sobre una inscripción romana, ed. de P. Aullón de Haro y D. Mombelli, Madrid, Instituto Juan Andrés, 2017; e “Historia delle osservazioni e scoperte che sono state fatte per determinare la vera figura della terra”, publicada y traducida como La figura de la tierra, ed. de C. Casalini y D. Mombelli, Madrid, Casimiro, 2017.

Bajo el dominio francés, como consecuencia de la intervención del general Alexandre François de Miollis, la Academia asumiría la denominación de Virgiliana. Pese a ello,  la Academia se sintió más identificada con el esplendor renacentista de los Gonzaga[11] y la ideología cortesana convencionalizada para Europa por el mantuano Baldassare Castiglione (1478-1529): “non Virgilio (toccherà alla rivoluzione francese di farne l’eroe locale), ma il Rinascimento resta al cuore della Mantova settecentesca”[12].

A lo largo del siglo XIX la Academia fue perdiendo importancia, a excepción de su renovado Museo (fundado en 1774[13]) ahora promovido por el Conde Carlo d’Arco, quien publicó en 1837 el catálogo del Museo de la Reale Accademia di Mantova[14], ilustrado con textos del arqueólogo Giovanni Labus.

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Sala Ovale de la Academia. Fuente: http://www.accademianazionalevirgiliana.org/

Durante los años 60 del siglo XIX se impulsa nuevamente la actividad de la Academia. Se reanudó también la actividad editorial, con la publicación de “Atti e Memorie”. La Nueva Academia se inaugura el 29 de enero de 1863. Carlo D’Arco escribiría que la institución “è tolta da uno stato di umiliante oblio e di vergognosa inoperatività a cui giaceva da quarant’anni”. En 1865, consumada la Unidad de Italia, se denominaría Regia Accademia Virgiliana. Con el fin del dominio austriaco, la Academia encuentra finalmente su colocación definitiva gracias también a su nuevo Prefecto, el conde Giovanni Arrivabene, patriota. Los últimos decenios del Ochocientos significan la afirmación de la Academia.

En el siglo XX se acentúan los estudios virgilianos, extendiendo sus relaciones con otras instituciones italianas y extranjeras, se intensifican los encuentros en la institución, incrementándose igualmente la producción editorial, gracias a la creación de dos nuevas series “Monumenta y Misceláneas”[15].

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El abogado Piero Gualtierotti, actual presidente de la Academia Virgiliana, acompañado por el consejero dr. Eugenio Camerlenghi. Fuente: Gazzetta di Mantova.

En 1981 la Academia adquirirá la definitiva denominación de Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze, Lettere e Arti.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII el centro de la vida cultural de Mantua no era el de una universidad (a diferencia de la ciudad de Pavía, cuyo claustro catalizaba el interés científico de los estudiosos de los ducados padanos), sino su Academia. Sin embargo, hasta la presidencia de Gherardo d’Arco, tal como antes ha quedado referido, Mantua continuó siendo un brillante centro de literatura e historiografía italianas, pero no un “vivero de fuerzas nuevas”[16], según acometieron ciudades como la mencionada Pavía o la capital Milán[17]. Pese a los límites impuestos por una mera provincia, Mantua pudo lucir en el siglo reformador una Academia activa y prestigiosa, núcleo de una Ilustración que supo combinar la preocupación científica y fisiocrática de la época con la tradición humanística de anclaje renacentista. Hoy ha de permanecer así reconocida en la historiografía y como primer asentamiento académico, tras el Colegio jesuita de Ferrara, de Juan Andrés, ideador en éste del Prospectus Philosophiae Universae, y ya en Mantua creador de la Historia universal de las letras y las ciencias y cabeza de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII.

Para profundizar en la historia de la Academia mantuana, véase el volumen editado por Paola Tosetti Grandi y Annamaria Mortari, Dall’Accademia degli Invaghiti, nel 450º anniversario dell’Istituzione all’Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze Lettere e Arti in Mantova, Mantua, Accademia Nazionale Virgiliana, 2016, actas del Congreso Internacional celebrado los días 29-30 novembre 2012 en Mantura, Teatro Accademico del Bibiena / Sala Ovale dell’Accademia Nazionale Virgiliana. Consúltese también Eros Benedini, Compendio della Storia dell’Accademia Nazionale Virgiliana, Mantua, Accademia Nazionale Virgiliana, 1987 y, en la página Web de la institución, el artículo de Paola Tosetti Grandi, “Dall’Accademia degli Invaghiti all’Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze Lettere e Arti in Mantova. Dall’antica sodalità alla moderna istituzione”: https://goo.gl/XzDemM (consultado el 20/11/2017).
En el Catalogo delle dissertazioni manoscritte, ed. por Lorena Grassi e Giovanni Rodella (Mantua, Accademia Nazionale Virgiliana, 1993, pueden encontrarse datos e índices de las disertaciones leídas en la Real Academia de Ciencias y Bellas Letras de Mantura durante el siglo XVIII.
Para acceder a la información relativa a las publicaciones de la Academia, véase esta página Web.

III. Mantua y la Academia en las Cartas familiares de Andrés

Convendrá leer ahora en primer término la epístola que cierra el segundo tomo de las Cartas familiares, viaje de Italia en el que Juan Andrés relata a su hermano Carlos su periplo por la península itálica (Madrid, Antonio de Sancha, 1786[1]). En esta epístola Andrés presenta un emotivo retrato de la ciudad y de sus lugares más importantes.

Cartas familiares
Edición crítica moderna de las Cartas familiares de Andrés.

“Finalmente al otro día por la mañana, después de 4 meses y 20 días, llegué a mi estimada Mantua, que miro con razón como mi segunda patria. A 23 del pasado se cumplieron ya 12 años que estoy en esta Ciudad, lo que no me ha sucedido en otra alguna de Italia ni de España.

Mantua, que miro con razón como mi segunda patria.

En una espaciosa llanura, cercada de lagos que forma el rio Mincio que corre por medio de sus calles, yace Mantua, ciudad que ha sido por muchos siglos corte de los Gonzagas, y que aun ahora conserva gran parte de su pasado esplendor. Su circuito viene a ser de legua y media, y su población de unas 28.000 almas. Su puente llamado de San Jorge es de los puentes más largos y tal vez el más largo que se conozca. Otro puente llamado de los molinos es más digno de ser observado, porque en un largo trecho todo cubierto tiene 12 molinos, y un aserradero donde hay tres grandes sierras, que moviéndose con la fuerza del agua sierran las vigas sin gasto ni fatiga de serradores, y luego una especie de almacén, donde se ponen las tablas serradas, todo lo cual hace que aquel puente sea un grandioso edificio.

Los profesores de las nobles artes tienen mucho que estudiar en la Colegial de San Andrés, templo bellísimo de arquitectura del célebre Leon Bautista Alberti a fines del siglo XV; en la catedral y en el Palacio del Te, obras de Julio Romano, y en otros edificios de buena arquitectura; en un excelente cuadro de Manteña, en las famosas pinturas de Julio Romano que hay en el Palacio de la Corte y en el del Te, en algunos cuadros de Rubens y de Carracci, y en otras estimadas pinturas. El cuadro de Manteña y el templo de Alberti, además del mérito de la ejecución, tienen el de formar época en la historia de la pintura y de la arquitectura: y las obras de Julio Romano son una completa escuela de nobles artes.

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Primera edición de las Cartas familiares de Juan Andrés (Madrid, Sancha, 1786).

Hay aquí una Academia con sus salas y maestros para tallistas, pintores y arquitectos, ya una para las artes mecánicas, para la música, para la agricultura, para la cirugía, para la anatomía y para las ciencias y buenas letras, y con un teatro de gusto particular, que sirve para las funciones públicas, y es una pieza excelente, cual no la tiene ninguna otra Academia aun de las más celebradas capitales. Hay un estudio que casi es una Universidad, donde no se dan sino ciertos grados; pero hay maestros públicos de Teología, Leyes y Cánones, Filosofía, Matemáticas, Física experimental, Química, e Historia natural. Regente de este gimnasio es Pinazo, español, que tu conociste en Valencia. Un museo de inscripciones, bajos relieves y estatuas, ocupa un larguísimo corredor y un atrio; y hay dos o tres estatuas, y varios bustos y bajos relieves que tienen su mérito particular, y todo junto forma un museo harto respetable. Una biblioteca pública que en pocos años ha adelantado mucho, pero que ahora no puede aumentarse a proporción. Un principio (no puede llamarse más que principio) de gabinete de Historia natural. Un buen Jardín botánico, que en poquísimos años se ha puesto sobre un pie harto respetable. Un lugar para la Veterinaria, con su hospital para las bestias que se han de curar; en suma, hay cuanto es menester para la cultura de una ciudad.

Hay también varios escritores de gran mérito y mucha fama. Bettinelli y Bondi son tal vez de los poetas más celebrados de Italia. Bozzoli ha traducido en octavas toda la Ilíada, la Odisea y la Eneida. Carli, secretario de la Academia, es anticuario estimado; Gualandris naturalista y botánico; Mari matemático, particularmente hidrostático; Asti y Castellani médicos; el conde de Arco, Volca y Borsa son conocidos en toda Italia por varias obras; y no pocos otros, casi hasta el número de 30, han dado a luz varias obritas que les han adquirido más o menos crédito. En esta ciudad vivo yo, como sabes, más de 12 años ha, disfrutando los favores que me dispensan los señores Marqueses Bianchi. Deus nobis haec otia fecit.

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Palacio Bianchi de Mantua, donde residió Andrés durante más de veinte años.

Cuando yo menos pensaba, sin saber que hubiera en el mundo un marqués Bianchi, me hallé convidado de este caballero a su casa y mesa, con el solo fin de la mutua compañía, sin el menor gravamen y con enterísima libertad. Bellísimo y magnifico cuarto, todo servicio, ningún cuidado y plena comodidad para mis estudios bastaba para contentar mis deseos, singularmente en mis circunstancias. Pero esto es nada comparado con la amistad y confianza, y aun cariño y ternura que disfruto de este honradísimo Caballero y de esta amabilísima Señora. Yo no soy forastero, no soy huésped, soy amigo, soy hermano, o si puede haber título que me una más estrechamente con estos humanísimos Señores, eso soy. Vivo enteramente como uno de ellos, y estoy propiamente como en mi casa. He tenido en mis brazos a todos sus hijos; he llorado la muerte de dos de ellos, he dado y doy mil ósculos a los cuatro que el Señor les conserva; y sus juegos, su vista, su compañía me sirven de suavísimo divertimiento, y me complazco con ellos como si fueran cosa mía. Doce años de tan estrecha unión, sin que jamás haya sufrido la menor quiebra, antes bien habiéndose sol dado más y más con el tiempo, te pueden servir de una irrefragable prueba de los elogios que varias veces he hecho de las admirables prendas de estos Señores.

Yo no soy forastero, no soy huésped, soy amigo, soy hermano, o si puede haber título que me una más estrechamente con estos humanísimos Señores, eso soy.

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Interior del Palacio Bianchi. Escalera principal.

A la feliz suerte de tantos favores de estos mis huéspedes, amigos y hermanos, se me añade otra, que es la de lograr la amistad de un pio, culto y amable Caballero, el Conde Luis Cocasteli, en cuyo seno deposito mis pensamientos, a quien comunico todas mis cosas, y quien sé que se toma en ellas el más vivo interés de una sólida e intrínseca amistad. Tengo la casa de los Condes Muraris, que me tratan con mucha familiaridad, y a donde voy frecuentemente a descansar algunos ratos, seguro de hallar siempre, en el conde y en su mujer y madre, la más atenta acogida; y tengo algunas otras casas donde poder pasar algún poco de tiempo con culta y amigable compañía.

Para mi mayor dicha el Conde Pavesi, para quien te he pedido algunos libros, me ha hecho enteramente dueño de su librería. Pocos particulares podrán gloriarse de tener una librería más selecta ni más útil. Las actas de casi todas las Academias de Europa, todos los autores clásicos, y aun otros que no lo son tanto, pero que tienen algún mérito en Matemáticas, Física, e Historia natural; el museo florentino y casi todos los buenos museos y galerías; las grandes colecciones de Grevio y Gronovio; el Tesoro de Burmano, los más estimados escritores de antiquaria, y todo lo bueno y mejor en esta materia, exceptuando solamente la Antigüedad explicada de Montfaucon y las Antigüedades de Herculano que le faltan; los clásicos latinos de la edición de Barbou, y las mejores ediciones de Dión Casio, Luciano, Ateneo y otros griegos; la Historia universal y gran copia de historias; una abundante colección de diccionarios, de cartas, de libros de poesía, y de otros de amenidad y de erudición, forman una librería selecta y de verdadero uso, no como otras muchas de solo lujo. El marqués Andreasi tiene una librería más copiosa y más varia, aunque no tan selecta. Tal vez aun más abundante que ésta es la del Conde Zanardi; y de una y otra, por el favor de estos caballeros, me puedo servir con bastante libertad. Pero la librería del Conde Pavesi, además de que por lo selecto y útil la prefiero a todas las otras, me es mucho más apreciable porque la tengo más libremente a mi disposición. No sólo me permite este caballero ir a cualquier hora que guste a su biblioteca, llevarme o enviar a pedir cualquier libro que deseo, y tenerlo todo el tiempo que me acomode, sino que para mi mayor comodidad en esta parte, ha hecho formar dos catálogos de los libros, y me ha regalado uno de ellos para que pueda más fácilmente hacer entero uso de su librería.

Pero ¿sería yo feliz si volviendo a la patria pudiera besar la mano a los padres, reposar en el seno de la familia, y disfrutar las finezas y agasajos de los amigos? No, ciertamente. Lloraría entonces la ausencia y la pérdida de las personas de aquí, que tanto amo, y que naturalmente no podría volver a ver.

En situación tan afortunada me creerás tal vez enteramente feliz, pero te puedo asegurar que no lo soy. ¡Cuántas veces en medio de todas estas comodidades corre mi corazón en busca tuya, de los padres, hermanos, tíos, y otros parientes y amigos que en vano busco, y que no puedo lisonjearme de verlos en toda mi vida! Pero ¿sería yo feliz si volviendo a la patria pudiera besar la mano a los padres, reposar en el seno de la familia, y disfrutar las finezas y agasajos de los amigos? No, ciertamente. Lloraría entonces la ausencia y la pérdida de las personas de aquí, que tanto amo, y que naturalmente no podría volver a ver. ¡Ah, que ni hay ni puede haber en este mundo entera felicidad! Fecisti nos Domine ad te inquietum est cor nostrum donec requiescat in te.

Mantua, a 9 de febrero de 1786″.

Enlaces de interés sobre la Academia Nacional Virgiliana y su historia

 

 


Notas

[1] Existe edición crítica moderna, de la que tomamos el texto aquí reproducido: J. Andrés, Cartas familiares (Viaje de Italia), ed. I. Arbillaga y C. Valcárcel, dir. por P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum-Biblioteca Valenciana (Col. Verbum Mayor), 2004, 2 vols.

[1] Para la historia y configuración de las academias italianas, véase M. Maylender, Storia delle Accademie d’Italia, Bolonia, Cappelli, 1926-1930, 5 vols. (ed. anast. con prólogo de L. Riva, Bolonia, Forni, 1976, 5 vols.).

[2] Cf. el capítulo de la introducción titulado “El gran topos implícito de Mantua: el Palacio (Bianchi) y la Academia (Mantovana), en J. Andrés, Cartas familiares (Viaje de Italia), ed. de I. Arbillaga y C. Valcárcel, coord. por P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum, 2004, pp. XLIX-LXIV.

[3] Cf. una versión más extensa en la introducción a J. Andrés, Furia. Disertación sobre una inscripción romana, ed. de P. Aullón de Haro y D. Mombelli, Madrid, Instituto Juan Andrés, 2017.

[4] Para la historia de la Academia mantuana, vid. el artículo de Paola Tosetti Grandi, “Dall’Accademia degli Invaghiti all’Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze Lettere e Arti in Mantova. Dall’antica sodalità alla moderna istituzione”, que actualmente se puede leer en línea: Web oficial de la Academia Nacional Virgiliana (https://goo.gl/XzDemM, consultado el 20/11/2017). Este perfil histórico es resultado del congreso organizado por la misma Tosetti Grandi en 2012 en la Academia: Dall’Accademia degli Invaghiti, nel 450° anniversario dell’Istituzione, all’Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze Lettere e Arti in Mantova (Congreso), a cargo de P. Tosetti Grandi, A. M. Mortari, I. Mazzola, M. A. Malavasi.

[5] Las colonias eran reuniones de árcades en otras ciudades diferentes de Roma, sede principal de la Academia de la Arcadia, fundada en 1690 por Gian Vincenzo Gravina e Giovanni Maria Crescimbeni. Cf. G. M. Crescimbeni (1712), Storia dell’Accademia degli Arcadi istituita in Roma l’anno 1690 per la coltivazione delle scienze delle lettere umane e della poesia, Londres, T. Becket Pall-Mall, 1804.

[6] Véase F. Venturi, Settecento riformatore, Turín, Einaudi, 1987, p. 640, vol. 5.1.

[7] Para la historia del edificio académico y sobre la reforma de 1773-1775 a cargo de Giuseppe Piermarini, importante arquitecto neoclásico a quien se debe, entre otras construcciones sobre todo lombardas, el Teatro della Scala de Milán. Véase C. Togliani y L. Volpi Ghirardini, L’Accademia in onore di Giuseppe Piermarini (Mantua, 2009).

[8] Para el índice de los quesiti de 1768 a 1792 propuestos por la Academia en sus varias clases (Filosofía, Matemáticas, Física, Bellas Letras y, desde 1795, Agraria, Bellas Artes, Medicina), cf. Memorie della Reale Accademia di Scienze, Belle Lettere ed Arti di Mantova, tomo I, Mantua, per l’erede di Alberto Pazzoni Regio-Ducale Stampatore, 1795, pp. CVII-CXXX. Ahí mismo puede verse también “Sulla fondazione della R. Accademia e delle sue classi”, discurso preliminar del entonces prefecto Girolamo Murari dalla Corte, pp. III-XIV.

[9] El primer premio en la sección de Matemáticas del año 1774 (Cercar la ragione, per la quale l’acqua salendo ne’ getti quasi verticali de vasi,…) lo ganó el Padre Don Gregorio Fontana (1735-1803), matemático que sucedió a Ruggero Giuseppe Boscovich (1711-1787) en la cátedra de “Cálculo sublime” de la Universidad de Pavía.

[10] En 1794 es censor de la Facultad de Matemáticas. Cf. Memorie della Reale Accademia, ob. cit., p. LXXXIV.

[11] Apologista de este pasado fue el mismo Bettinelli en su obra Delle lettere e delle arti, Mantua, 1774.

[12] F. Venturi, Ob. cit., p. 647.

[13] Para una descripción del Museo y su organización a fecha de 1790, véase Museo della Reale Accademia di Mantova, Mantua, per l’Erede di Alberto Pazzoni Regio-Ducale Stampatore, 1790. Se trata de un recorrido narrativo por las salas del Museo, en el que se ilustran, gracias al recurso retórico de la écfrasis, las varias obras, en su mayoría de arte clásico, allí conservadas.

[14] Museo della Reale Accademia di Mantova, descritto e illustrato dal dottor Giovanni Labus, Mantua, a spese degli Editori D’Arco e Fratelli Negretti, 1837, 3 vols.

[15] Cf. Piero Gualtierotti, “Dall’Accademia degli Invaghiti all’Accademia Nazionale Virgiliana”, in P. Tosetti Grandi y A. Mortari (eds.), Dall’Accademia degli invaghiti, nel 450º anniversario dell’Istituzione, all’Accademia Nazionale Virgiliana di Scienze Lettere e Arti di Mantova. Convegno internazionel di studi (29-30 novembre 2012), Mantua, Quaderni dell’Accademia, 2016, pp. 29-30.

[16] Cf. F. Venturi, Ob. cit., p. 647.

[17] Cf. D. Stella y C. Capra, Il Ducato di Milano dal 1535 al 1796 (vol. 11 de la Storia d’Italia dirigida por G. Galasso), Turín, UTET, 1984, pp. 464 y ss.

 

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La exposición sobre Andrés y la Escuela Universalista Española de la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid (enero-junio de 2017).

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